Esteban L. Valente

Este invierno vas a conocer un nuevo concepto de fantasía oscura y terror

Enero 2021

Sobre el autor

Esteban L. Valente (Málaga, 1984) es un escritor español que tras ser finalista y ganador del concurso literario Málaga Crea se lanza con su primera novela. 'La casa de Krumm' mezcla con una extraordinaria exactitud elementos de country thriller, terror y fantasía oscura.

La Casa de Krumm

 

 

 

 

  • Sinopsis

    En la primavera de 1931, Bernad Varín, un famoso escritor parisino, abandona de forma repentina su carrera profesional para montar una fábrica de mermeladas en Centroeuropa en la región de Suuberlander.

    Su nueva vida se complica cuando sus perros encuentran una mano amputada en el bosque y comienzan los sucesos sobrenaturales.

    Mientras, Alexandre Lemoine, su editor y amigo, viaja para convencerle de que termine su última obra y que abandone aquellas tierras antes de que llegue el invierno. Pero todo es demasiado tarde, pues un enigmático hombre tiene otros planes para ellos.

Escucha las primeras líneas de la novela

Desperté aturdido, sentado y con sangre en la cabeza, las manos las tenía atadas por las muñecas detrás de una silla. Mis piernas estaban libres pero inflamadas por la caída de las escaleras. Oía por encima del techo las voces de los hombres gritar con histeria. El olor a madera y tela quemada era incesante y me hacía picar los ojos. Había escasa luz prominente de un viejo quinqué que se encontraba encima de una mesa. Aquella habitación parecía una especie de lugar de estudios subterráneo. La iluminación era anaranjada y ligera, creando unas sombras deformes que bailaban con una cierta irrealidad sobre la pared y el techo de hormigón. Pude ver con dificultad que, frente a mí, había un montón de corderos, aves muertas y utensilios de arúspice. También pude escuchar los perros ladrar por encima del techo. Pero parecían más lejanos que los gritos. Al fondo vi un pasillo, pero era demasiado oscuro para saber si doblaba en algún sentido o continuaba en línea recta. No sé dónde estaba. Pero aquel lugar de la casa iba a ser mi tumba. Pasé una vez más mi lengua por los dientes partidos, y dije en voz alta: muérete Krumm. Antes de desmayarme empecé a oler a carne chamuscada y grasa. Sonreí. Hacía meses que no sonreía.

 

 

 

 

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